sábado, 21 de noviembre de 2009

Tortura.

La esperanzas muertas, los vasos rotos y las manos sangrantes.

Ojos que han llorado tanto que sólo esperan el momento cercano de que en vez de expulsar lágrimas sea sangre pura y viva.
Se siente en un vacío que tiene forma de mesa donde la torturan con palabras que parecen cuchillos y con miradas o expresiones que se sientes como quemaduras.
Cuando la fe parece exhausta y la esperanza deja un mínimo rastro que pareciese inalcanzable, aparece una madre con sonidos de arrepentimiento que ruega un perdón por haberle dado la espalda a su hija menor. Mientras el padre está sentado en su sillón donde asquerosamente ingiere comida chatarra con unas manos sucias y dientes amarillentos, en calzoncillos y si es que le da la gana una polera para tapar e vergonzoso estómago cual rebalsa su cuerpo.

Ella sigue ahí junto a su vientre en expansión donde lo que crece dentro lo alimenta la inocencia y su anhelo sólo es existir.

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